ORFEO BAGGIO
«¿Conocéis a Baggio?» Los maderos que lo han detenido tampoco non lo conocen.
«¡Gilipollas! Devolvedme la pelota. Sin mi pelota no existo. iSin mi pelota
no puedo decir nada!» Está ridículo, Robert, con su camiseta de fútbol,
sus pantorrillas peludas y su única media. ¿La documentación? No la tiene y
se aprovecha: «¡Sólo os quedan mis palabras, tenéis que creerme! » Fuera,
el caos. Inútil teclear fichaantropologica.com, todo está fundido. Los
maderos - un viejo mangante experimentado y una chavala técnica - van a lo
suyo: le sonsacan, le tiran de la lengua, le tratan como pedazo de carne:
«¡Soy Gulliver, soy Aladino!» berrea el reo, con el culote en los tobillos.
«¡No le hagáis daño! interviene Alí es precioso lo que dice!» Precioso,
quizás, edificante, sin duda, pero ¿quién violó y mató a la Dama de los
Libros cerca de la que Roby estaba dando pataditas cuando le detuvieron?
Némesis quiere cobrarse.